Durante muchísimo tiempo, los artistas fueron enriqueciendo a la sociedad occidental llenándola de obras maravillosas; basta conocer “La Piedad”, “La Ronda Nocturna”, “El Pensador” o “Las Montañas Rocosas” para quedar maravillado con el nivel de calidad de dichas obras.

Uno a uno de los grandes maestros: Miguel Ángel, Leonardo, Rembrandt, a Bierstadt, produjeron obras que nos inspiraron, engrandecieron y nos llevaron a la introspección.

Lo hicieron al cubrir los más altos estándares de excelencia, mejorando el trabajo de cada uno de los maestros de la generación anterior, aspirando al grado más alto de calidad posible.

Sin embargo, al comenzar al Siglo XX, todo esto fue reemplazado:

A finales del siglo XIX un grupo apodado “Los Impresionistas” se rebelaron contra la Academia de Bellas Artes y su demanda de normas clásicas. Los nuevos modernistas sembraron las semillas del relativismo estético: “La belleza está en el ojo de espectador”. Así, comenzaron a romper los esquemas anteriores al Impresionismo, el marco artístico estaba dominado por el eclecticismo, al que respondió la generación de las rupturas estilísticas, una serie de rupturas que darán personalidad propia al arte moderno.

Fue entonces cuando se dio el cambio de la profundidad, la inspiración, la belleza, la dedicación y el esfuerzo por lo nuevo, lo diferente, lo feo y lo inmediato.

Hoy en día lo tonto, lo sin sentido y lo puramente ofensivo se alza como lo mejor del arte moderno. Miguel Ángel esculpió su «David» de una roca, mientras que el Museo de Arte del Condado de Los Ángeles solo nos ofrece una roca de 340 toneladas.

Pero ¿Por qué el arte moderno es tan malo?

Por la caída y la pronta desaparición de los estándares; los estándares universales de calidad nos brindan grandes obras que han trascendido, mientras que el relativismo artístico (La belleza está en quien lo ve) sólo nos han otorgado obras que uno puede observar más bien por curiosidad o morbo, pero que lejos están de ser aquellas obras de arte llenas de técnica y esfuerzo.

Y esto se debe a que a la falta de estándares estéticos poco se puede hacer para determinar la calidad del trabajo final; en cualquier trabajo o profesión lo que es realmente importante es las capacidades técnicas que poseas, incluso al evaluar un video juego uno puede calificar el valor del mismo tomando como base estándares universales, frases como:

– La música no es muy buena por…-

-Las gráficas no son lo suficientemente logradas por…-

Son comúnmente dichas por cada uno de nosotros, porque algo es cierto, todo el tiempo estamos evaluando sobre estándares establecidos. Después de todo, no te compras un carro sólo porque sea bonito aunque te digan que el motor está dañado, sería mucha necedad hacerlo, y con esto trato de llegar al punto: sin estándares poco se puede hacer para mejorar, para calificar, para evaluar.

Dejando todo a la interpretación, todo ahora tiene la posibilidad de ser válido o maravilloso sólo porque alguien así lo decide. Sustituimos los estándares por la peculiaridad.