Tenía 16 años cuando entró el nuevo milenio, era una época llena de esperanzas, con cantidad de miedos curiosos que iban desde el fin del mundo hasta el llamado Error Y2K.

En medio de ese vertiginoso presente decidí dedicarme a lo que mas me gustaba: Dibujar. Pocos lugares conocía para aprender y en una era en donde todavía no permeaba Google en nuestro pensamiento y en donde no teníamos siquiera idea de las redes sociales la tarea se convertía en algo un poco imposible.

En mi casa las cosas no iban muy bien.El día de mi cumpleaños en 1999 estalló una Huelga en la UNAM, un evento que cambiaría para siempre mi perspectiva de las cosas, por primera vez mi educación no dependía de mí y no estaba en mis manos continuar.

Fueron meses de búsqueda hasta que encontré al profesor Luis Delgado Zárate y entendí que dibujar es como cualquier otra disciplina, requiere mucho, mucho esfuerzo y cantidad de paciencia.

Yo era menor de edad y por supuesto que en la escuela en donde el impartía clases no podía estudiar, así que estudiaba con él en una suerte de cursos “Extramuros” fuera de la escuela. Así es, las aulas se apartaban de mi educación una vez más, sin embargo, gracias a este gran maestro entendí lo que era trabajar por algo que deseabas hacer sin necesidad de tener a alguien encima de uno.

Zárate me dejaba una serie de tareas y cada fin de semana yo se las entregaba, hasta que un día pudimos obtener un permiso para ir diario al aula.

Cuando entré al CECATI 25 comencé a estudiar en forma el dibujo, desde aprender a utilizar el lápiz hasta trabajar el aerógrafo, 4 años estuve en ese lugar aprendiendo técnica tras técnica.

Pero ¿Cómo aprendí a dibujar?

  • PACIENCIA.

Lo primero que entendí fue algo, dibujar es una profesión no apta para desesperados. De material, el profesor no nos pidió más que un cuaderno y un lápiz, antes de pasar a cualquier cosa pasábamos una cantidad tremenda de tiempo repitiendo y repitiendo, dibujando modelos de jarrones, platos, formas básicas, poco a poco descubrimos que nuestra concepción de las formas y el espacio iba mejorando.

  • A LA GOMA CON EL ESTILO.

Uno de los errores que cometemos cuando vamos comenzando es “La búsqueda de un estilo” mi profesor era muy tajante con esto:

– Cualquier cosa que hagas ya tiene tu estilo así que ¿Para que buscarlo? – Decía, el profesor.

Buscaba siempre que aprendiéramos las técnicas, los métodos y la teoría que está detrás del crear antes de refugiarnos en el estilo.

Buscar conocer y dominar las técnicas antes de buscar el estilo era como su mantra.

  • DISCIPLINA.

En ese momento todos los días teníamos que hacer al menos 30 bocetos, esbozos de formas, botellas, platos, flores, en fin, todo lo que viéramos tenía que estar plasmado.

Al principio era una tarea horrible, pero poco a poco se convertía en algo que era difícil de quitarse. Hacíamos eso bocetos en un cuaderno escribe de 100 hojas blanco y el profesor nos pedía guardarlos. Después de 3 o 4 cuadernos llenos de bocetos podías hacer una comparación de tu avance y resultaba muy motivador.

Aprendí que la disciplina te hace mejorar siempre.

  • METAS REALISTAS.

Cuando comencé a dibujar era una persona sumamente ansiosa, quería aprender a dibujar como Tetsuya Nomura en 2 meses y cuando veía avances  sentía que podía irme rápidamente a aprender y dominar lo que seguía, pero eso me generaba frustración. Me quedaban largos lo brazos o cortas las piernas no tenía idea de proporción, no tenía idea de anatomía, ni de muchísimas otras cosas y cuando acudí al profesor para quejarme de que no podía dibujar como mangaka japonés me contestó:

-Metas realistas Sergio, metas realistas, todavía no sabe meter zapatas y ya quiere construir edificios-.

A partir de ese momento fue mas paciente y con metas realistas, aprendía poco a poco sin desesperar, al final entendí que ya podía hacer mucho de lo que deseaba sin esfuerzo.

El camino era mas importante que el final.

  • NO ESPERES PARA TENER TODO.

Con tristeza veo ahora que las nuevas generaciones esperan a dibujar hasta tener la tableta, el programa específico en su laptop, la hoja opalina de x gramaje, los plumones Sakura importados y la lista sigue y sigue.

Cuando entré a la escuela me sorprendió que el profesor no nos pidió ningún material especial, solo un cuaderno profesional y un lápiz, si podías un hb sino, cualquiera; a mí me resultaba extraño, yo quería dibujar con lápices profesionales, portaminas de $500 pesos y pasteles finos pero el maestro decía:

-Quien desea hacer algo lo va a hacer, no importa cómo-.

Eso me hizo comprender que si de verdad deseas algo, vas a buscar la forma de hacerlo no importa que no cuentes con el material específico, con cualquier cosa puedes dibujar si es lo que quieres.

Fue así  como comencé a dibujar y fue hermoso.